Lugar común es una exploración de los procesos subjetivos de territorialización que se desarrollan en los márgenes y en las fronteras que marcan el límite y la división entre la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires. Me interesa indagar la figura de margen como espacio de construcción social en la cual, a partir de acciones humanas, se da sentido a esa porción de tierra y se la convierte en territorio sin una planificación racional calculada; sino que se da a través de la improvisación, la urgencia, la disputa y la aleatoriedad.

El territorio es el espacio socialmente construido. En este caso particular, esta elaboración se gesta y desarrolla en el clivaje de las imposiciones políticocartográficas a través de la permanencia en estos lugares, los que poco a poco se van volviendo territorio. Pues en esta zona intermedia colindante a la rigidez monolítica de las líneas impuestas se articulan acciones orgánicas que tienen que ver más con el pulso y el ritmo vivo de estos enclaves que con la impavidez mortuoria de una división política.

El mapa no es el territorio, es una representación interesada con fines específicos: la apropiación utilitaria de la tierra. Y el espacio físico no es un dato material constante. Sin embargo, con calculada insistencia se trata de erradicar la experiencia de la percepción vívida en estas zonas. Los límites, las fronteras y las líneas divisorias operan para hacer que estos espacios se vuelvan elementos abstractos y no sean percibidos desde una subjetividad a conciencia. Es decir, territorios sin experiencia. Por eso las acciones de territorialización subjetiva son las alternativas necesarias a las imposiciones estructurales. Para poder imaginar y sobre todo hacer concretas esas vivencias de y en nuevos territorios.

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En 1897 le cortaban las manos al General Perón. Y el, entonces, Presidente Raúl Alfonsín deseaba "Felices Pascuas" mientras trataba de poner la casa en orden. A mi como tarea número 100 me encomendaron hablar de los límites de la Ciudad de Buenos Aires